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Notas

Christian Zacharias

Haydn vs Bach

domingo, 18 de marzo de 2018, 11:30
San Cipriano     15,00 €

haydn vs bach

FORMAS Y FÓRMULAS   Luis Suñén


Como en la sinfonía y el cuarteto de cuerda, también en el teclado es Haydn un nombre decisivo por la cantidad y la calidad de su aportación al repertorio. La Sonata en la bemol mayor, Hob. XVI:46 fue escrita entre 1767 y 1770, y muchos de sus comentaristas apelan a su directa relación con el Empfindsamkeit o «estilo sensible», que era considerado en música el paralelo a la obra filosófica de Rousseau y a la literaria de Klopstock. En el Allegro moderato vemos la actitud muy del autor de obrar con libertad en los desarrollos, lo que sucede también en el movimiento lento, con su demora en el discurso, la importancia de los silencios, la claridad del contrapunto o la utilización de una suerte de Passacaglia que nos lleva inevitablemente a recordar a Johann Sebastian Bach, su espejo de este concierto. El final de la sonata es chispeante, afirmativo a más no poder en sus dos temas —que en realidad bien podrían ser uno solo— merced a esa permanente apelación de su autor a disfrazar la variación de aparente variedad temática.

En las Partitas, como antes en las Suites francesas o inglesas, Bach reúne distintas danzas de procedencia francesa o italiana, una fórmula asentada en su época. Y ya sabemos que de ese uso insólito de las fórmulas es de donde llega buena parte de la genialidad de un creador, al mismo tiempo conservador y revolucionario. Son seis las Partitas que compusiera entre 1726 y 1730, y que se publicarían reunidas en 1731 como su op. 1. A diferencia de las Suites inglesas y francesas, que se abren con un generalmente amplio preludio, las seis Partitas presentan cada una de ellas un movimiento inicial de diferente denominación. En el caso de la Tercera, una Fantasía que es en realidad una invención a dos voces. Encontraremos también una Burlesca que es un minueto y el resto serán los citados movimientos de danza.
La última de las 62 sonatas escritas por Haydn y la última, también, de las tres llamadas ‘Sonatas de Londres’ (1794/95) fue escrita, como la Hob XVI:50, para Therese Jansen Bartolozzi, que triunfaba en la capital británica como pianista rival nada menos que de Clementi y Cramer. El éxito de crítica fue total a pesar de la consideración de la obra como algo extravagante. Hoy más que eso nos parece ambiciosa, con su inicio casi sinfónico y, sobre todo, en ese mismo primer movimiento, con el magnífico desarrollo del tema inicial y la perfecta sucesión del segundo, por no hablar de ese misterioso acorde de sol mayor que introduce un elemento inquietante. El Adagio no es un tranquilo discurso lírico sino más bien una suerte de reflexión que empezará a alcanzar su resolución en el episodio central. Nada hay de retórico en este movimiento en el que de nuevo el silencio —el saber mantener el tempo adecuado— es primordial. La obra remata en un Presto en forma sonata que a Richard Wigmore le parece «la consumación de la influencia del estilo de Scarlatti» en el compositor de Rohrau.

 

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